Cisne negro: intenso Darren Aronofsky


Las películas de Darren Aronofsky no suelen ir acompañadas de una temática fácil. El director neoyorquino huye de convencionalismos y no duda en incomodar al espectador de una manera incisiva y habitualmente desasosegaste en esta insana “Cisne negro“.
Sus trabajos son valientes y arriesgados hasta el punto del “salto sin red”, condición esta que ocasiona opiniones totalmente enfrentadas entre crítica y público. Para unos muy cercano a la genialidad, para otros excesivo.

 

De cualquier manera desde que “Pí”, su primer film, llegara a las salas de cine hace ya más de diez años, la aportación del director al actual cine proveniente de los USA ha sido más que positiva: enriquecedora, arriesgada e incluso necesaria, consiguiendo trabajos que han entrado en el universo de las “películas de culto”sin necesidad del paso de los años para conseguir dicho privilegio.

A falta de horas para la celebración de la gala de los Oscar, “Cisne negro”, el último trabajo del director que nos ocupa, compite en las más importantes categorías: Mejor película, Mejor director, Mejor montaje…

También refuerza el interés de medios y público la nominación al Oscar como mejor Actriz Protagonista de la esforzada Natalie Portman, que durante todo el metraje lleva en sus hombros el peso fundamental de “Cisne negro” y que desde el momento de su estreno, no ha parado de recibir elogios unánimes por parte de crítica y medios de comunicación.

El pasado domingo acudí a ver “Cisne negro” con grandes expectativas, ya que mi interés hacia los trabajos con la firma Aronofsky siempre me han aportado interesante sorpresas.
Se trata de películas que producen fuertes emociones, ya sea por lo intenso de su temática, las situaciones que viven los protagonistas, la potencia de sus imágenes y según mi experiencia se trata de obras que no concluyen cuando aparecen los títulos de crédito, sino que perduran en la memoria y en la retina durante los días posteriores al visionado.

Siguiendo la línea habitual ya comentada, “Cisne negro” nos propone un viaje psicológico de la mano de Nina, una bailarina de ballet escrupulosamente meticulosa con una vida obsesivamente dedicada en cuerpo y alma al baile. Por lo visto el propio Aronofsky sabe de qué habla, ya que vivió de cerca el exigente mundo del ballet de la mano de su hermana, que dedicó parte de su vida a esta disciplina.
El único objetivo en la vida de Nina es conseguir la perfección y en el camino hacia ésta somos sus únicos aliados, observando su sufrimiento, sus delirios y sus terrores.

Me sorprendió escuchar comentarios de bastantes espectadores a la salida del cine a los que desagradó sobremanera lo que habían presenciado. Ante todo avisar a las personas que tengan intención de acudir a los cines a vivir la experiencia de “Cisne negro”, que la potencia de lo que van a vivir en escena no es para todos los gustos. Me molesta observar que algunas personas continúan pensando de una manera algo ingenua, que aquello que va a los Oscar o consigue estatuillas está llamado a ser convencional y a contentar a todos los públicos; pues señores, nada más lejos de la realidad, afortunadamente.

Más de una semana después de “disfrutar o sufrir” con el film, todavía mantengo en la retina sus minutos finales. Momentos de una fuerza escenográfica fuera de lo común. Probablemente el hecho de volver a recrearme en esos instantes, me devuelva de nuevo a la taquilla del cine.
Ahora me doy cuenta de una sensación muy similar durante el épico final en “The Wrestler”, el anterior trabajo de Aronofsky. Quizás nos encontremos ante una seña de identidad de este enigmático director que con bastante probabilidad pueda subir en unas horas a recoger los frutos de su trabajo a modo de estatuilla dorada. Ojalá logre sorprendernos también entonces.

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