Beginners: todos somos principiantes


A veces la tristeza queda impregnada en los fotogramas de un film, en la mirada de los intérpretes, incluso en la luz del sol por extraño que esto parezca; películas en las que la melancolía inunda la pantalla y por ende contagia a los que se sientan ante ella.

Beginners tiende a pasear un profundo halo de extraña tristeza. Consigue dar protagonismo a la nostalgia de una manera poco habitual, realizando un curioso montaje repleto de primeros planos y tomas cortas que recuerdan al videoclip, huyendo de planos largos tan habituales en las películas con tinte dramático.

 

Los personajes son seres muy peculiares y sin embargo no abandonan ni la elegancia ni la seriedad en ninguno de sus actos. No son los típicos perdedores “al uso”, si no más bien luchadores silenciosos que sobrellevan sus existencias de una manera bastante educada y respetuosa con su entorno.

La química que se establece entre la pareja protagonista, Ewan McGregor y Melanie Laurent es impresionante, ambos consiguen aportar la dosis exacta de credibilidad que requiere un film tan íntimo y particular como el que nos ocupa. El director mima a sus actores de una manera casi maternal, sus miradas son tranquilas, sus movimientos ligeros consiguiendo una coreografía casi perfecta de una pareja de baile totalmente compenetrada.

McGregor nunca estuvo tan bello antes. Su trabajo es eficaz, sensible y cercano y evita caer en la trampa de la ñoñería que podría haber acompañado a este delicioso papel si hubiera caído en manos menos expertas. Melanie Laurent sigue confirmando en éste, su segundo trabajo en una producción norteamericana, que es una actriz con un dulzura y personalidad digna de seguimiento e interés. Desde el primer instante en el que coinciden en pantalla salta la chispa, Oliver y Anna se complementan con una simbiosis fuera de lo común.

Christopher Plummer se sale. Realiza un trabajo impecable poniendo toda la carne en el asador ante una propuesta nada sencilla, la de dar vida a un anciano homosexual que sale del armario cuando su vida se aproxima a su final. Aporta la dignidad y elegancia que necesita su papel para no resultar ridículo y evitar lo grotesco de una situación de por si, poco habitual.

En definitiva Beginners tiene pinceladas de aquel cine independiente que comenzaba a exhibirse a principios de los noventa, también bebe de la nostalgia y belleza de los filmes del personalísimo Wong Kan Wai y nos regala ciento cinco minutos de melancolía en estado puro, de esa que a veces apetece en pequeñas dosis y nos devuelve a un cierto intimismo de factura agradable.

Merece la pena disfrutar de esta pequeña película; su título y su argumento buscan recordarnos que sin importar la edad ni la experiencia, ni todo lo que hayamos vivido, todos seguimos siendo Beginners (principiantes) en muchos aspectos de nuestras existencias.

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