La habitación de Julio Médem


Allá por 1992, llegaba a las carteleras españolas “Vacas”: el primer largo de Julio Medem. Sorprendía la creatividad argumental del director vasco, sus originales encuadres; potentes y oníricas imágenes mezcladas con un mundo demasiado real. Estupenda elección y dirección de actores, en definitiva una refrescante sorpresa dentro del panorama cinematográfico nacional. Savia nueva.

 

Crítica y público se pusieron de acuerdo. La originalidad de la propuesta, la fuerza de su fotografía, convencieron a partes iguales y el director donostiarra consiguió el goya al mejor director novel y que muchos se interesaran por lo que tenía que contar en el futuro.

El mismo Medem se encargó del guión de “Vacas” y contó con la exquisita presencia del gran Alberto Iglesias a la hora de crear una partitura acorde con aquellas potentes imágenes. Hechos ambos que se han ido repitiendo en casi toda su filmografía y que engrandece su obra y contribuye al deleite de la misma.

A partir de su siguiente trabajo, “La ardilla roja”, algunos ya no vieron con buenos ojos la trayectoria del director. Medem, arriesgaba rozando lo absurdo en algunas escenas, no entendían el argumento y no se querían dejar llevar.
En mi opinión esa es la clave del cine del Medem. El espectador debe poseer la virtud de dejarse llevar, de olvidarse de prejuicios y disfrutar de algo nuevo; si ésto último no se consigue, mejor olvidarse de su cine, porque con muchas probabilidades sacará de sus casillas a más de uno.

Continúa su filmografía con “Tierra” De nuevo curiosos y bellos escenarios, imágenes oníricas, giros de guión y una pizca de surrealismo. La dirección de actores como siempre inmensa, y cuesta creerlo viendo a un hombre tranquilo, sensible y casi tímido.
Está claro que consigue sacar de sus actores lo que quiere de ellos y además de una forma apaciguada y respetuosa.

Después llega “Los amantes del círculo polar”. Enorme drama que juega con las casualidades que se pueden dar en la vida, con el amor y el dolor, siempre presente en todo su trabajo.

Con “Lucía y el sexo” llega el escándalo. De nuevo el amor, y su vecino el sexo son los protagonistas. Los críticos comienzan a devorar el trabajo, tachándolo de “gilipollez seudoromántica y cargante”, “pretenciosa”, “hueca” e “irritante” y muchos la tildan de “pornográfica y absurda”. La crítica comienza a ensañarse con el universo creado por Julio Medem.

Tras Lucía…., rueda el documental “La pelota vasca” y se monta la de Dios.
Al tratar el muy sensible tema del conflicto vasco, el director presenta todas las caras de la moneda alejándose de sus propias opiniones y simplemente presentando los testimonios de personas que tienen que ver con el conflicto. Ésto no es bien recibido por un gran sector del público, incluso muchos de los participantes en el documental, piden que sus intervenciones sean eliminadas al contemplar el resultado final.
La polémica afecta al director de una manera brutal y tarda un buen tiempo en ponerse tras la cámara a contar una nueva historia. El resultado será “Caótica Ana”, y de nuevo Medem vuelve a levantar ampollas y a ser atacado duramente por la crítica. La tachan de “empalagosa”, “pretenciosa” y “absurda”, pero la que aquí escribe volvió a disfrutar de la propuesta, de una manera fuera de lo común. El hipnótico poder de muchas de sus escenas y la fuerza de su guión sigue presentando al director como un profesional que todavía tiene mucho que decir.

Ahora nos ha llegado “Habitación en Roma” y de nuevo la polémica está servida.
La película desnuda física y psiquicamente a dos mujeres dentro de una habitación durante una noche en la capital italiana y les hace vivir un febril y carnal romance. Allí se da una historia de amor y pasión, como un paréntesis extraño en sus vidas que las marcará profundamente.

Se trata de un encargo que la productora “Morena films” realizó al director, tomando como clave la historia de otra película chilena titulada “En la cama”.
Al principio Medem no lo vió claro, pero después decidió llevarlo a cabo, modificando ciertas piezas del argumento y añadiendo su personal visión.

Desde mi punto de vista, la película no posee la fuerza de otros trabajos del director. No me ha emocionado como sus anteriores obras y eso que la temática daba pie a conseguirlo.
El trabajo de sus actrices es sencillamente impresionante, las imágenes muy cuidadas y preciosistas, la banda sonora eficaz y bonita (aunque esta vez no haya sido firmada por el maestro Alberto Iglesias), pero esta vez no he logrado dejarme llevar y juro que iba preparada para ello.

Será que esto de los encargos y los manoseados remakes, restan capacidad creativa a los que los llevan a cabo. Será que el guión no termina de ser creíble, lo desconozco.

De cualquier forma, espero seguir disfrutando del universo Medem durante muchos de los años venideros, a la espera de nuevas propuestas, que nunca dejarán indiferente a nadie. Es de aquellos artistas cuyo trabajo amas o odias, de una manera radical, como los grandes genios; y esto último, pese a quien pese.

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